martes, 24 de marzo de 2026

¿QUITARSE LA VIDA O DARLA?

 


    “Dijo Jesús: ‘Yo me voy y me buscaréis y moriréis por vuestro pecado, donde yo voy no podéis venir vosotros’. Y los judíos comentaban: ‘¿Será que va a suicidarse y por eso dice donde yo voy no podéis venir vosotros?’. Y les dijo: ‘Vosotros sois de aquí abajo, con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados, pues si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados’” (Jn. 8,21-24).


    El evangelio que se proclama en la misa de hoy recoge estas palabras misteriosas de Jesús. Hay un detalle que llama especialmente la atención, y es que los judíos se preguntan: ”¿Será que va a suicidarse?”. ¿Cómo puede surgir una idea semejante? Puede ser que, al oír que Jesús habla de un lugar al que ellos no pueden ir, interpreten sus palabras desde su particular mundo interior. Proyectan sobre Jesús sus propias categorías: como no comprenden su lenguaje, lo traducen a algo que sí entienden, aunque sea deformándolo.


     Pero ahí está precisamente el drama: no sólo se equivocan, sino que lo hacen en la dirección opuesta. Jesús no habla de una huida desesperada de la vida, sino de una entrega libre, de un “irse” que es Pascua, paso al Padre, cumplimiento de su misión, plenitud de amor. Ellos, en cambio, reducen ese misterio a una salida absurda y oscura. Es lo que ocurre cuando se juzga siendo uno “de aquí abajo”: el misterio de Dios no se niega frontalmente, pero se malinterpreta, se rebaja, se encierra en esquemas humanos incapaces de acogerlo.


    Y, sin embargo, esta escena tiene algo inquietantemente actual. También nosotros, cuando no creemos de verdad, corremos el riesgo de interpretar a Jesús desde nuestras propias sombras: pensamos que sus caminos son extraños, que su voluntad es incomprensible, que su forma de actuar no tiene sentido. En el fondo, seguimos sin reconocer que Él es “YO SOY”: la presencia misma de Dios. Sólo la fe purifica la mirada y nos permite comprender -no del todo, pero sí lo suficiente- que su “irse” es en realidad una llamada a seguirle, a salir de nosotros mismos, a entrar en la Vida.


    Señor Jesús, cuando no entiendo tus palabras y me desconciertan tus caminos, líbrame de reducirte a mis esquemas y concédeme creer en ti con un corazón sencillo, para reconocer en ti al Dios único y verdadero, y seguirte con confianza hacia donde Tú vas. Amén.

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