miércoles, 11 de marzo de 2026

LEY VIVA


    “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley’” (Mt. 5,17-18).


    El evangelio de la misa de hoy nos sitúa ante una de las afirmaciones más profundas de Jesús sobre su propia misión. Él no ha venido a destruir lo anterior, ni a sustituirlo sin más, sino a llevarlo a su plenitud. La Ley dada por medio de Moisés era un camino, una preparación, una pedagogía divina para conducir el corazón humano hacia Dios. Pero todo aquello a lo que apuntaba la Ley -la fidelidad, la justicia, la misericordia, el amor- encuentra en Jesús su forma perfecta y definitiva.


    La plenitud de la Ley no consiste simplemente una explicación más profunda de los mandamientos. Es mucho más: es una vida. En Jesús contemplamos lo que significa amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo. Él vive lo que la Ley anunciaba. En su obediencia al Padre, en su misericordia hacia los pecadores, en su entrega total hasta la cruz, aparece el verdadero rostro de la voluntad de Dios. La Ley señalaba el camino; Cristo lo recorre y nos invita a caminar con Él.


    Por eso el cristiano no vive la Ley como una simple norma exterior, sino como una llamada a configurarse con Cristo. En Él, la Ley deja de ser un código y se convierte en una vida que se comunica. Su Espíritu escribe en el corazón aquello que antes estaba escrito en tablas de piedra. Seguir a Jesús es dejar que su misma vida vaya tomando forma en nosotros, hasta que el amor -que es el cumplimiento de toda la Ley- se convierta también en la ley interior de nuestro corazón.


    Señor Jesús, Tú eres la plenitud de la Ley y el rostro vivo de la voluntad del Padre. Haz que no busquemos cumplir tu palabra solo exteriormente, sino que tu Espíritu transforme nuestro corazón, para que aprendamos a amar como Tú amas. Amén.

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