miércoles, 18 de marzo de 2026

CRISTO ESPOSO


    “Alégrese el cielo, goce la tierra, por estos que van a ser rociados con el hisopo y purificados con el hisopo espiritual, por el poder de aquel que en su pasión bebió desde la cruz por medio de la caña de hisopo. Alégrense las virtudes de los cielos; y prepárense las almas que van a desposarse con el Esposo. ‘Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor’. Comportaos, pues, rectamente, oh hijos de la justicia, recordando la exhortación de Juan: ‘Allanad sus senderos’: retirad todos los estorbos e impedimentos para llegar directamente a la vida eterna. Por la fe sincera, preparad limpios los vasos de vuestra alma para recibir al Espíritu Santo. Comenzad por lavar vuestros vestidos con la penitencia, a fin de que os encuentren limpios, ya que habéis sido llamados al tálamo del Esposo”.

(San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 3,1-3).


    Hoy celebra la Iglesia la fiesta de san Cirilo de Jerusalén, padre y doctor de la Iglesia, que nació hacia el año 315 y fue obispo de la Ciudad Santa en una época especialmente compleja para la vida cristiana. Vivió en pleno siglo IV, en medio de las controversias arrianas, y sufrió varios destierros a causa de su fidelidad a la fe proclamada en el Concilio de Nicea. Sin embargo, su nombre ha quedado unido sobre todo a una obra preciosa: las Catequesis que dirigía a los catecúmenos que se preparaban para recibir el bautismo en la noche de Pascua. En ellas explicaba los misterios de la fe con gran claridad y profundidad espiritual, acompañando a quienes estaban a punto de comenzar su vida cristiana.


    El texto con que hemos empezado este artículo refleja ese momento de preparación. Cirilo contempla con alegría a quienes se disponen a recibir el bautismo y habla de ellos como de almas que se preparan para desposarse con el Esposo. Todo aparece envuelto en imágenes de purificación y de esperanza: el hisopo que rocía, los vestidos que se lavan, el camino que debe allanarse. La vida nueva exige retirar obstáculos, limpiar el corazón y abrirlo a la acción del Espíritu Santo.


    Pero estas palabras no pertenecen solo al tiempo del catecumenado. También nosotros, que ya hemos recibido el bautismo y los sacramentos de iniciación, necesitamos tenerlas en cuenta en nuestra vida. La vida cristiana es siempre preparación. No basta con haber comenzado un día; el corazón debe seguir preparándose continuamente para el Señor. Cada jornada encierra una ocasión para retirar algún obstáculo, para purificar alguna intención, para abrir más profundamente el alma a Dios.


    En realidad, toda la existencia del cristiano es un camino hacia el encuentro con el Esposo. Por eso la conversión no es un episodio aislado, sino un ejercicio constante. Preparar el camino del Señor significa mantener el corazón vigilante, sencillo y disponible, de modo que el Espíritu Santo encuentre en nosotros un vaso limpio donde derramar sus dones.


    Señor Jesús, Esposo de nuestras almas, ayúdanos a preparar cada día el camino hacia ti. Retira de nuestro corazón todo obstáculo y purifica nuestra vida, para que el Espíritu Santo encuentre en nosotros un recipiente adecuado y dispuesto a recibir tu gracia. Amén.

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