“Victimae paschali laudes immolent Christiani.
Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit peccatores”
(traducción: "A la Víctima pascual, ofrezcan los cristianos alabanzas.
El Cordero redimió a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre").
Himno litúrgico del domingo de Pascua de Resurrección.
Celebré misa ayer domingo en la parroquia del pueblo donde vivo y, en el momento de la poscomunión, comenzó a sonar por los altavoces este conocido himno pascual, cantado en gregoriano, en una grabación que había puesto un sacristán. Yo estaba recogido en oración, dando gracias por la comunión recibida, cuando estas antiguas palabras latinas, tantas veces escuchadas, me tocaron el corazón con fuerza. No era solo una música hermosa o un texto solemne; era una confesión de fe cantada sobre la vida, sobre la muerte, sobre la redención de Cristo.
Mientras resonaba el “Agnus redemit oves”, comprendía de nuevo que la Pascua no es una idea ni un recuerdo piadoso, sino un acontecimiento que se celebra realmente en la Eucaristía y que me alcanza hoy también a mí, pobre pecador. El Cordero nos ha redimido; Cristo nos ha reconciliado con el Padre; la verdadera inocencia ofrecida, inmolada, ha sanado la culpa; la muerte ha sido atravesada por la vida.
En aquel instante de silencio orante, después de haber recibido al Señor, todo aparecía condensado con meridiana claridad. Así, no estoy solo, no estoy perdido, no estoy condenado a mis límites. Hay una Vida que ha sido entregada por mí, y una victoria que ya ha comenzado a desplegarse en lo más hondo de la historia y de mi propia historia. Ofrezcamos los cristianos alabanzas continuas y agradecidas.
Oh Jesús Resucitado, Cordero de Dios inmolado y viviente, deja que esta alabanza pascual siga resonando dentro de mí, para que aprenda a vivir reconciliado, agradecido, confiado, sostenido siempre por tu Vida entregada y victoriosa. Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario