miércoles, 21 de enero de 2026

EL COMBATE DE DIOS


    “Saúl mandó llamar a David, y este le dijo: ‘Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo’. Pero Saúl respondió: ‘No puedes ir a luchar con ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad’. David añadió: ‘El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo’. Entonces Saúl le dijo: ‘Vete, y que el Señor esté contigo’. Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y avanzó hacia el filisteo con la honda en mano” (1 Sam. 17,32-40).


    El mismo David que ayer no contaba, hoy da un paso al frente. No ha cambiado su edad ni su fragilidad; lo que ha cambiado es la conciencia interior de haber sido sostenido por Dios en su pequeñez. David no presume de fuerza ni pone su confianza en sí mismo, sino que recuerda, hace memoria: “El Señor, que me ha librado de las garras del león…”. La confianza nace de la experiencia humilde de haber sido cuidado antes. El valor de la fe no surge de la improvisación heroica, sino de una historia compartida con Dios, casi siempre silenciosa, casi siempre escondida, como fue su solitaria vida de pastor con el rebaño.


    David no rechaza los medios humanos, pero tampoco se reviste de los que no le son propios. Termina por no aceptar las armas de Saúl, a las que no estaba acostumbrado y que estorbarían su agilidad; toma el bastón, su honda y cinco piedras lisas del torrente. Son medios pobres, sencillos, proporcionados a quien él es. Porque Dios no sustituye a lo humano, sino que lo habita. No anula la pequeñez, sino la atraviesa con su gracia. David avanza con lo que tiene, con lo que conoce, con lo que ha usado mil veces sin darle importancia… pero avanza en el Nombre de su Dios. Eso lo cambia todo. Por eso ahora bastará con una sola piedra.


    Así actúa también el Señor en nuestra vida. No nos pide gestos espectaculares, ni seguridades que no tenemos. Ni siquiera todo lo que a veces preparamos será necesario, aunque todo lo que pongamos en sus manos quedará transfigurado. Nos invita a caminar con lo poco que somos, con lo poco que llevamos, confiando en que la fuerza no nace de la desproporción corregida, sino de la fidelidad sostenida. El combate decisivo no es el de demostrar poderío, sino el de proteger la vida amenazada, cuidar de lo frágil, permanecer firme cuando el miedo aconseja retroceder. El pastor ya está actuando como rey, no porque domine, sino porque sirve y defiende.


    Padre Santo, que no me vista con armaduras ajenas ni confíe en fuerzas ajenas que no son las mías. Enséñame a caminar con lo poco que tengo, pero siempre sostenido por tu amor y gracia. Y enséñame también a proteger con fidelidad la vida que Tú me confías. Así sea.

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