sábado, 17 de enero de 2026

HAZLO TODO EN MÍ


    “Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Se levantó y lo siguió. Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían” (Mc. 2,13-15).


    Jesús no escoge a su auditorio ni pone exigencias previas a quienes se le acercan. Enseña a todos con paciencia y cercanía, con una autoridad que no aplasta ni humilla, sino que atrae. Su palabra no crea distancia, sino confianza. En medio de la gente, sin embargo, su mirada no se pierde. Sabe detenerse ante una persona concreta. Así aparece Leví, sentado en el mostrador de los impuestos, instalado en una rutina aburrida y en un oficio mal visto. Pero Jesús no lo mira desde el prejuicio ni desde el pasado; lo mira como a alguien que es todavía proyecto de futuro, que está en camino, que puede comenzar de nuevo.


    La llamada es breve y clara: ‘Sígueme’. No hay reproches por el pasado ni condiciones para el futuro. Y Leví se levanta. Su respuesta es inmediata, sin cálculos ni excusas. La llamada de Jesús no espera a que todo esté en orden en la propia vida. Llega cuando esa vida está a medio hacer, cuando hay cosas que pesan, cuando hace falta ponerse en pie. Su palabra tiene fuerza para mover lo que parecía inamovible y abrir un camino donde antes sólo había costumbres.


    La historia no termina en un seguimiento solitario. Leví abre su casa, prepara la mesa y reúne a otros como él. La conversión de uno se convierte en oportunidad para muchos. Donde antes había aislamiento, ahora hay encuentro. Donde había vergüenza y culpabilidad, ahora hay mesa compartida y fraternidad. Jesús acepta sentarse allí sin miedo a la crítica, mostrando que la salvación no rompe los vínculos humanos, sino que los transforma. Una vida tocada por Él se vuelve lugar de acogida y de esperanza para otros.


    Señor Jesús, cuando pases junto a nosotros y nos llames, concédenos levantarnos sin demora. Danos la gracia de fiarnos de tu Palabra y dejar que nuestras vidas, transformadas por ti, sean también espacio abierto donde otros puedan encontrarte. Amén.

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