lunes, 29 de diciembre de 2025

HEMOS SIDO VISITADOS

 Ayer lunes, tercer día de la peregrinación, nos dirigimos al río Jordán, donde todos quisieron renovar sus promesas bautismales y reavivar así sus compromisos cristianos. La lluvia intensa y el viento no lo impidieron. Visitamos después Jericó, recordando a Zaqueo, al ciego Bartimeo y la parábola del buen samaritano, y más tarde las cercanas excavaciones de Qumran.


Estaba previsto celebrar la Misa a las cuatro de la tarde en la Basílica de la Natividad de Belén, pero los retrasos acumulados y las compras inevitables nos hicieron ver ya en el camino que no llegaríamos a tiempo. Entonces la Providencia tomó cartas en el asunto. Tras algunas consultas improvisadas, se decidió que nos dirigiéramos a Ain Karim, el lugar donde probablemente vivieron Zacarías e Isabel.


No teníamos ninguna reserva ni respuesta al teléfono, pero subimos igualmente hasta la iglesia de la Visitación. En medio de un tiempo húmedo y de un viento frío y desagradable, todo parecía estar cerrado. Solo la cripta permanecía abierta. Tras llamar a distintas puertas, finalmente un fraile franciscano, único morador en aquel momento del monasterio, nos abrió y nos facilitó la celebración de la Santa Misa, disponiéndolo todo con gran sencillez y disponibilidad.


Aunque nos encontrábamos en la octava de Navidad, al no coincidir con ninguna fiesta concreta, celebramos la Misa votiva de la Visitación de la Santísima Virgen María, con sus lecturas propias. Fue un momento de profunda emoción para todos, y muchos expresaron después haber quedado hondamente conmovidos. Personalmente, me impresionó que el Evangelio proclamado fuera el del Magnificat, el mismo pasaje que había proclamado siete días antes, el pasado día 22, aniversario de mi ordenación sacerdotal.


Fue un encuentro con la Santísima Virgen en el que no sabíamos bien si habíamos ido nosotros a visitarla o si era Ella quien había venido a visitarnos a nosotros. María, con su prontitud en el servicio a Dios, con su alegría —expresión de una fe profunda— y con su amor, bendice aquella casa e inunda de Espíritu Santo a Isabel y al pequeño Juan, que desde hace ya seis meses se encuentra en su seno. Aquella Eucaristía fue un verdadero momento de gracia.


Salimos de Ain Karim con el ánimo levantado, como sostenidos por una paz serena, y emprendimos después el camino hacia Belén. Llevábamos en el corazón la certeza de haber sido visitados por una gracia muy especial, dispuestos a pasar la noche allí y a dedicar al día siguiente toda la jornada a recorrer la ciudad del Nacimiento.


Santísima Virgen María, Virgen de la Visitación, enséñanos a reconocer las visitas silenciosas de Dios a nuestras vidas, a acogerlas con fe y a responder a ellas con prontitud, alegría y amor. Amén.

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