viernes, 17 de julio de 2026

PERMANECER COMO MARÍA (Novena del Carmen 8)

 


    ”No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada… El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará" (Mt 10,34.38-39).

    Ayer celebrábamos la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen. Nosotros, sin embargo, continuamos todavía compartiendo las reflexiones nacidas de la novena que he tenido la gracia de predicar durante estos días. Comenzamos este itinerario algo más tarde y quiero recorrerlo hasta el final. Después de contemplar a san Gabriel, santa Isabel, san José, los pastores, Simeón y Ana, los Magos y los servidores de Caná, llegamos hoy al octavo día. El personaje es san Juan al pie de la cruz. Y el verbo que resume toda su actitud es uno solo: permanecer.

    El Evangelio de la misa de aquel día recogía unas palabras especialmente exigentes de Jesús: «No he venido a traer paz, sino espada… El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí.» Seguir a Cristo no significa caminar con Él solamente cuando todo resulta fácil o cuando el entusiasmo sostiene nuestros pasos. La fidelidad se pone a prueba precisamente cuando llega la cruz. San Juan había acompañado al Maestro durante los años de la predicación, había contemplado sus milagros y escuchado sus enseñanzas. Pero el momento decisivo llega ahora, cuando todo parece derrumbarse. Entonces no huye. Permanece.

    ¿Qué descubrió san Juan en María? Descubrió una fortaleza silenciosa. Al pie de la cruz todo invitaba a escapar. Parecía que el mal había vencido y que seguir junto a Jesús carecía ya de sentido. Sin embargo, María permanecía en pie. No pronunciaba grandes discursos, no buscaba explicaciones ni cedía a la desesperanza. Creía, amaba y permanecía. San Juan comprendió que la verdadera fortaleza no consiste en evitar el sufrimiento, sino en mantenerse fiel cuando llega la hora de la cruz.

    ¿Qué aprendemos nosotros de san Juan? Aprendemos a permanecer como María. También nosotros sentimos muchas veces la tentación de huir cuando el dolor entra en nuestra vida, cuando la enfermedad nos visita, cuando la oración parece seca o cuando seguir a Cristo exige renuncias. El discípulo amado nos enseña que las cruces no se vencen alejándose de ellas, sino permaneciendo junto a Jesús. María nos muestra cómo hacerlo: con una fe que no se apaga, con un amor que no retrocede y con una esperanza que no se deja vencer por la oscuridad.

    El mundo nos invita continuamente a escapar del sufrimiento, a abandonar lo que cuesta y a buscar siempre el camino más fácil. San Juan hizo exactamente lo contrario. Permaneció. Y precisamente porque permaneció recibió el mayor regalo de su vida: «Ahí tienes a tu madre.» Quizá ésa sea también la gran lección del Calvario. Las gracias más grandes de Dios no suelen concederse a quienes huyen de la cruz, sino a quienes permanecen junto a ella. Ésa fue la lección que aprendió san Juan contemplando a María y ésa sigue siendo hoy una de las enseñanzas más necesarias para todos nosotros.

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