jueves, 16 de julio de 2026

CONFIAR EN MARÍA (Novena del Carmen 7)

 


    ”Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, fecundándola y haciéndola germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo” (Is 55,10-11).

    Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen. Nosotros, sin embargo, continuamos todavía el recorrido de esta novena, porque la comenzamos algunos días más tarde. No importa. Seguimos avanzando serenamente, contemplando a María a través de las personas que tuvieron la gracia de encontrarse con Ella. Cada una nos descubre un aspecto de su misterio y nos enseña una actitud para acercarnos a la Madre del Señor. En este séptimo día nos detenemos en los servidores de las bodas de Caná. Son personajes casi anónimos, que no pronuncian una sola palabra, pero de ellos podemos aprender una lección decisiva: confiar.


    La primera lectura de la misa de aquel día afirmaba que la palabra de Dios nunca vuelve vacía, sino que realiza aquello para lo que ha sido enviada. Pero el profeta utiliza una comparación muy significativa. La lluvia no transforma la tierra en un instante. La empapa lentamente, la fecunda y solo después aparece el fruto. Así actúa también Dios. Sus obras necesitan tiempo. Esta luz nos ayuda a comprender mejor lo sucedido en Caná. María pronuncia una sola frase: “Haced lo que Él os diga.” Los servidores no entienden por qué deben llenar de agua unas tinajas destinadas a la purificación cuando lo que falta es vino. Tampoco preguntan ni discuten. Confían. Llenan hasta el borde seis enormes tinajas de piedra, realizando un trabajo largo y pesado, y esperan. El milagro no acompaña a la primera gota de agua. Llega cuando la obediencia ha sido llevada hasta el final.


    ¿Qué descubrieron los servidores en María? Descubrieron que se puede confiar plenamente en su palabra porque Ella nunca conduce hacia sí misma. Todo cuanto dice orienta hacia Cristo. María no explica los planes de Dios ni promete resultados inmediatos. Simplemente enseña a fiarse del Señor. Los servidores comprendieron que el milagro comienza mucho antes de que el agua se convierta en vino. Comienza en el momento mismo en que un corazón decide obedecer confiando.


    ¿Qué aprendemos nosotros de aquellos servidores? Aprendemos que la confianza verdadera siempre va unida a la paciencia. Con frecuencia también nosotros tenemos que llenar nuestras propias tinajas: cumplir con fidelidad el deber de cada día, perseverar en la oración, seguir haciendo el bien cuando no vemos fruto alguno. Quisiéramos que Dios actuara enseguida, pero Él suele seguir el ritmo de la lluvia y de la semilla. Primero pide nuestra confianza; después, cuando llega su hora, hace aparecer el vino nuevo. La fe no consiste en exigir milagros inmediatos, sino en permanecer fieles mientras Dios prepara silenciosamente su obra.


    Quizá ésta sea la gran enseñanza de Caná. Los servidores fueron los únicos, junto con María y los discípulos, que conocieron el origen del vino nuevo. Descubrieron que Dios transforma la realidad desde dentro y casi siempre en silencio. También nosotros estamos llamados a escuchar hoy la misma invitación de la Virgen: “Haced lo que Él os diga.” Después, esperemos con paciencia. Porque quien aprende a confiar en María termina descubriendo que la palabra de Cristo nunca vuelve vacía y que, a su debido tiempo, el agua de nuestra pobreza puede convertirse en el vino nuevo de la gracia.



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