miércoles, 15 de julio de 2026

BUSCAR A MARÍA (Novena del Carmen 6)

 


    ”Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10,16).


    Nuestro recorrido por la novena de la Virgen del Carmen llega hoy a los Magos de Oriente. Hasta ahora hemos contemplado a María desde la mirada de san Gabriel, de santa Isabel, de san José, de los pastores y de los ancianos Simeón y Ana. Cada uno de ellos ha ido descubriendo un aspecto del misterio de la Virgen y nos ha enseñado una actitud para acercarnos a Ella. El sexto día de la novena nos invita a dar un paso más. Los Magos nos enseñan a buscar.


    En el Evangelio de la misa de aquel día, Jesús exhortaba a sus discípulos a ser “sagaces como serpientes y sencillos como palomas”. Esa sagacidad no consiste en el engaño ni en la astucia humana. Es la inteligencia espiritual que sabe descubrir las huellas de Dios en medio de los acontecimientos más sencillos. Los Magos poseen esa sabiduría. Todo comienza con un signo pequeño, apenas una estrella. Sin embargo, les basta para abandonar sus seguridades y ponerse en camino. Más tarde la estrella desaparece, pero ellos no abandonan la búsqueda. Continúan avanzando, preguntando, esperando y confiando. La verdadera sabiduría no consiste en verlo todo con claridad, sino en seguir buscando incluso cuando Dios parece ocultarse.


    ¿Qué descubrieron los Magos en María? Descubrieron a la Madre que presenta al Rey. Habían recorrido un largo camino buscando al Rey de los judíos y, al entrar en la casa, “vieron al Niño con María, su madre”. Encontraron al Salvador inseparablemente unido a Aquella que lo ofrecía al mundo. Los sabios de Oriente comprendieron que el término de su búsqueda no era una corte ni un palacio, sino un hogar humilde donde una Madre sostenía en sus brazos a la Sabiduría eterna hecha carne. Por eso la tradición cristiana ha contemplado tantas veces a María como Sede de la Sabiduría. Ella no atrae las miradas hacia sí misma, sino que presenta al mundo a Aquel que es la Verdad, la Sabiduría y el verdadero Rey.


    ¿Qué aprendemos nosotros de los Magos? Aprendemos, ante todo, a no dejar nunca de buscar. Dios suele conducirnos por signos discretos, casi imperceptibles, que solo descubre quien mantiene despierto el corazón. Aprendemos también a perseverar cuando la estrella desaparece y el camino se vuelve oscuro. La búsqueda de Dios no termina cuando desaparecen las consolaciones; precisamente entonces madura la fe. Y aprendemos, finalmente, a ofrecer. Los Magos no llegan con las manos vacías. El oro, el incienso y la mirra expresan una vida que se pone enteramente en manos de Dios. Quien encuentra a Cristo siente la necesidad de entregarle no solo algunos dones, sino toda su existencia.


    Quizá ésta sea la gran lección de los Magos. Comenzaron siguiendo un signo pequeño y terminaron postrados ante un Niño en brazos de su Madre. Buscaron con perseverancia, reconocieron al Rey bajo la humildad de Belén y respondieron ofreciéndole cuanto tenían. También nosotros estamos llamados a recorrer ese mismo camino: dejarnos guiar por los pequeños signos con los que Dios sale a nuestro encuentro, perseverar cuando el camino se oscurece y comprender, como aquellos sabios de Oriente, que la verdadera sabiduría consiste en encontrar a Cristo allí donde María lo sigue presentando al mundo.

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