jueves, 9 de abril de 2026

SECUENCIA PASCUAL (I)

 


Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.


Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.


Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

(Secuencia litúrgica pascual, siglo XI).


    La secuencia de Pascua es una antigua composición poética latina, que la Iglesia ha conservado y proclamado a lo largo de los siglos. Se canta o se recita en la liturgia de la misa antes del Evangelio, el día de la Resurrección y durante toda la octava de Pascua. No es un simple adorno, ni un canto piadoso más: es una síntesis densa del misterio pascual. Por eso, en estos días, queremos detenernos en ella, no para escucharla distraídamente, sino para acogerla, saborearla y meditarla con calma.


    Todo comienza con una invitación: “ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza”. La Pascua no se contempla desde fuera; se entra en ella respondiendo a una invitación y actuando. La Resurrección hace brotar en el corazón del creyente una alabanza nueva, porque Cristo no es solo el vencedor, sino la “Víctima propicia de la Pascua”. Su gloria no está desconectada de su entrega; al contrario, su victoria nace de haberse ofrecido por nosotros.


    El himno nos conduce después al centro del misterio: el “Cordero sin pecado que a las ovejas salva”. La inocencia que carga con la culpa, la pureza que rescata al pecador. Y en ese gesto se realiza algo decisivo: “a Dios y a los culpables unió con nueva alianza”. La cruz, que parecía ruptura, se convierte en puente; lo que parecía fracaso se revela como reconciliación. Dios no se aleja del hombre, sino que lo busca, porque le ama “hasta el extremo”.


    Y entonces aparece la gran imagen de estas tres primeras estrofas: “lucharon vida y muerte en singular batalla”. No es una lucha entre iguales. Es el combate definitivo, donde la muerte parece imponerse… aunque sin embargo uno tiene la última palabra. Porque sucede lo inaudito: “muerto el que es la Vida, triunfante se levanta”. La Vida entra en la muerte y la vence desde dentro. Y así, lo que parecía el final se convierte en principio; lo que parecía oscuridad, en luz; lo que parecía derrota, en victoria.


    Señor Jesús, Víctima y vencedor, haznos vivir esta Pascua como alabanza verdadera. Que no pasemos de largo ante tu entrega, que no olvidemos que hemos sido reconciliados. Danos entrar en tu victoria, creer en tu Vida, y vivir desde ahora como hombres nuevos, unidos a ti. Amén.

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