lunes, 6 de abril de 2026

ABRIR LA MALETA

 


    “Ellas se marcharon del sepulcro con miedo y con alegría…” (Mt. 28,8).


        He regresado a casa después de ocho días pasados en compañía de las monjas carmelitas, vividos en un clima de oración y de recogimiento, pero también de descanso, lectura y convivencia fraterna con otros sacerdotes y con las hermanas. El viaje de vuelta, cansado. Y, al llegar, lo de siempre: deshacer la maleta, colocar la ropa, ordenar los libros, poner cada cosa en su sitio. Y ya se aprovecha para ir poniendo orden en los lugares de la casa donde vamos colocando todo lo que traemos.


        Mientras lo hacía, he pensado que también nosotros llevamos una maleta interior. Una maleta que no siempre abrimos, porque nos da pereza o vergüenza, y en la que vamos guardando muchas cosas: preocupaciones, cansancio, recuerdos, tareas sin completar, pequeñas cargas que se acumulan sin darnos cuenta, heridas, encuentros y desencuentros. A veces la cerramos deprisa, por pereza o por miedo, y seguimos adelante como si nada. Pero la Pascua, la experiencia de Cristo resucitado, nos invita precisamente a enfrentarnos a la tarea de abrirla y vaciar lo que hay dentro, ordenar, limpiar, dejar espacio.


    No se trata de hacer grandes cosas ni de emprender cambios espectaculares. Se trata, más bien, de acoger el estilo de vida al que debemos regresar, de volver a un estilo de vida más conforme con el Evangelio, de secundar los deseos de Dios, que dice: “He aquí que hago nuevas todas las cosas”. Él hace también nuevas las pequeñas, las ocultas, las que parecen más desordenadas o insignificantes. La Resurrección no es solo un acontecimiento que celebramos; es una fuerza que quiere entrar en nuestra vida concreta, en lo cotidiano y en lo sencillo.


        Estamos en la octava de Pascua, que es como un eco prolongado del día de la Resurrección. La Iglesia nos invita a no pasar deprisa, a no cerrarnos a la experiencia, a saber permanecer en ella. Quizá estos días pueden ser ocasión para esto: para abrir la maleta con calma, para revisar lo que llevamos dentro, para dejar que la luz del Señor entre también ahí.


    Porque no todo habrá que conservarlo. Habrá cosas que quizá convenga dejar, otras que deban quedar mejor ordenadas, otras que simplemente deben encontrar su sitio adecuado. Y también hay dones que redescubrir, gracias que agradecer, llamadas que retomar. Porque la Pascua no borra nuestra historia, sino que la ilumina y la reordena.


        Señor Jesús, que has vencido a la muerte y haces nuevas todas las cosas, danos la gracia de no vivir superficialmente estos días de Pascua. Ayúdanos a abrir nuestras vidas ante ti, a ordenar lo que esté desordenado, a abandonar lo que pesa y a acoger la vida nueva que tú quieres darnos. Que esta octava pascual no sea solo un recuerdo, sino un tiempo de verdadera renovación interior. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario