“Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor a vosotros y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó el Señor de Egipto con mano fuerte y os rescató de la casa de esclavitud, del poder del faraón, rey de Egipto. Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es Dios; él es el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y observan sus preceptos, por mil generaciones” (Dt. 7,7-9).
Celebramos hoy la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. No es fiesta de precepto, pero sí una de las celebraciones más hermosas y profundas del año litúrgico. En ella contemplamos el amor de Dios manifestado en el Corazón de Cristo, un amor que no es una idea abstracta ni una doctrina, sino una realidad viva y personal.
En el texto con que comenzamos este artículo, tomado de la primera lectura de la misa de hoy, nos sorprende una expresión extraordinaria. Dios mismo afirma: “se enamoró de vosotros”. Son palabras audaces. Quizá nadie se atrevería a ponerlas en labios de Dios si no fuera Él mismo quien las pronunciara. Y, sin embargo, ahí están. No dice que eligió a Israel por sus méritos, por su fuerza o por su grandeza. Al contrario. Lo escogió siendo “el pueblo más pequeño”. La iniciativa parte siempre de Dios. El amor comienza en Él.
Con frecuencia reducimos la vida espiritual a una cuestión de normas, obligaciones y preceptos. Y resulta significativo que este mensaje aparezca precisamente en el Deuteronomio, el gran libro de la Ley. Pero antes que imposición, la vida cristiana es seducción. Antes que mandato es llamada. Antes que esfuerzo humano es gracia. Dios no pretende conquistarnos por la fuerza. Nos atrae. Nos llama. Nos hace descubrir que somos amados.
Cuando queremos acercarnos a Dios es muy frecuente comenzar excusándonos por todo: porque no somos santos, porque tenemos defectos y pecados, porque toleramos vicios que no terminamos de vencer. Y nos equivocamos cuando nos acercamos a Él poniendo las excusas por delante. Tratamos de justificarnos a nosotros mismos por nuestros pecados, nuestras debilidades y nuestras incoherencias. Pensamos que debemos convencer a Dios para que nos acepte. Pero el Sagrado Corazón nos revela justamente lo contrario. Él ya conoce todo aquello que nos avergüenza y, sin embargo, sigue amándonos. Más aún, no tenemos que buscar un abogado ante Dios porque Él mismo se constituye en nuestro abogado. Él es quien nos ofrece comprensión cuando nos sentimos incomprendidos, descanso cuando estamos cansados, misericordia cuando hemos caído y acogida cuando creemos no merecerla.
¿Qué nos revela el hecho de que Jesús siga presente en nuestros sagrarios? Nos revela que el Señor no se ha aburrido de nosotros. No se ha cansado de nuestras continuas infidelidades, ingratitudes y olvidos. Sigue esperando. Sigue acogiendo. Sigue llamando. Hoy, al contemplar el Corazón de Jesús, quizá nos baste recordar una sola verdad: Dios no nos ama porque seamos buenos. Más bien, nosotros podemos llegar a ser buenos cuando nos reconocemos amados. Dios nos ama porque Él es bueno. No nos eligió por ser grandes, fuertes o santos. Nos eligió simplemente porque nos ama. No busquemos más explicaciones.
Sacratísimo Corazón de Jesús, hazme creer de verdad que soy amado por ti. Que no me acerque a tu presencia cargado de excusas y justificaciones, sino con la confianza sencilla de quien sabe que encontrará comprensión, misericordia y descanso. Que nunca dude de tu amor fiel, paciente e inagotable. Amén.
NOTA: PALABRA Y VIDA
Muchos lectores y oyentes me preguntan estos días cuándo reanudaré el programa Palabra y Vida en Radio María.
Después de los problemas de salud que me obligaron a interrumpir temporalmente mis actividades habituales, ya tenía previsto haber retomado el programa. Sin embargo, desde la emisora me han aconsejado esperar unos días más.
Con motivo de la visita del Santo Padre, Radio María está realizando cambios en su programación, horarios y retransmisiones, por lo que no existe la seguridad de que los programas grabados durante estos días puedan emitirse con normalidad.
Por este motivo, si Dios quiere, volveré a acompañarles diariamente a partir del próximo lunes, 15 de junio, en el horario habitual de las 9 de la mañana.
Agradezco de corazón el interés, el cariño y las oraciones de tantas personas que se han preocupado por mi salud durante estas últimas semanas.
Un abrazo para todos y muchas gracias.
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