jueves, 12 de febrero de 2026

DICHOS DE LUZ (IV): DESAPEGO


    “Si quieres venir al santo recogimiento, no has de venir admitiendo sino negando.” (San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor, 58).


    San Juan de la Cruz nos habla del “santo recogimiento” como de un espacio interior donde el alma puede encontrarse con Dios y unirse a Él. Pero advierte algo decisivo: no se llega a ese lugar espiritual acumulando bienes espirituales, sino aprendiendo a negarlos, a desprenderse de ellos. Negar, en su lenguaje, no es despreciar la vida interior, sino no darle un valor absoluto. Lo que nos debe importar sobre todo no es nuestra oración, sino solo Dios. Esto puede parecer extraño, pero el corazón demasiado lleno de expectativas, seguridades, anhelos de crecimiento… pierde la capacidad de recogerse.


    El evangelio de hoy nos ofrece un ejemplo sorprendente de este desapego en la mujer cananea (Mc. 7,24-30). Ella abandona su casa -ese ámbito seguro que era el espacio propio de la mujer- y se arriesga a la inseguridad del camino para ir en busca de Jesús. Deja atrás incluso el amor más entrañable, su hija, no porque la quiera menos, sino porque la ama tanto que está dispuesta, por salvarla, a separarse de ella. Y, cuando el Señor la pone a prueba con sus duras palabras, acepta descender hasta el lugar más bajo, el de los perros al pie de la mesa de los amos. Se desprende profundamente de su amor propio, de su imagen, de la defensa cerrada de su dignidad... Nada la retiene: ni la distancia, ni el rechazo aparente, ni el orgullo. Solo le importa alcanzar misericordia, ser escuchada y salvada por Jesús. 


    Ahí comprendemos mejor lo que significa “no venir admitiendo, sino negando”. Esta mujer sabe desapegarse radicalmente. No se aferra ni siquiera a su dignidad herida. Se vacía del todo para recibir. Y por eso su fe es grande: porque es libre de apegos y anhela sólo encontrarse con el Señor. El recogimiento del que habla el santo no es pues aislamiento: se trata de un corazón unificado que, soltándose de cualquier otra cosa, aspira a descansar en Dios.


    Señor Jesús, enséñanos a identificar aquello que ocupa el centro de nuestra vida sin ser Tú, y a ponerlo confiadamente en tus manos. Danos la gracia de desapegarnos de lo que nos ata, incluso de nuestro orgullo y de nuestras seguridades más íntimas. Que sepamos salir de nuestra “casa”, arriesgarnos en el camino, aceptar con humildad lo que nos purifica, y perseverar cuando parece que callas. Haz nuestro corazón libre, capaz de negar en sí todo lo que no es Dios. De esta forma, unificados por dentro, podremos entrar en ese recogimiento donde Tú nos esperas y donde nace la verdadera paz. Amén.

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