“Más quiere Dios en ti el menor grado de pureza de conciencia que cuantas obras puedes hacer” (San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor, 64)
Hay palabras de los santos que, aun siendo breves, iluminan toda una vida espiritual. San Juan de la Cruz nos recuerda que Dios mira, sobre todo, el corazón. No se fija tanto en la cantidad de nuestras obras como en la verdad con que vivimos delante de Él. El evangelio de hoy presenta a Jesús rodeado de multitudes que lo buscan con una confianza sencilla. San Marcos dice que llevaban a los enfermos a las plazas y “le rogaban que les dejara tocar siquiera la orla de su manto; y cuantos lo tocaban quedaban curados” (cf. Mc 6,56). Hay ahí una fe humilde, sin exhibición, que se acerca al Señor con necesidad verdadera. Esa fe nace de un corazón que no trata de aparentar, sino que se deja mirar.
Podríamos pensar que lo decisivo en la vida cristiana es hacer muchas cosas y llenar el tiempo con buenas iniciativas. Sin embargo, el santo doctor de la Iglesia nos conduce hacia un lugar más profundo: la propia conciencia. Un lugar invisible a los ojos, en el que Dios habita y donde se decide lo más auténtico de nuestra vida. La pureza de conciencia (la verdad del corazón) no significa perfección ni ausencia de fragilidad. Significa vivir sin doblez, sin engañarnos a nosotros mismos, sin pretender aparentar ante Dios. Es la sencillez de alguien que no quiere parecer, sino ser.
Puede suceder que nuestras obras sean muchas y buenas; sin embargo el corazón esté disperso. Entonces la vida se llena de ruido exterior y pierde transparencia. “Más quiere Dios”, en cambio, hallar pureza en el alma, incluso cuando sus obras sean pequeñas.
Cuando el corazón es verdadero, todo se ordena. El alma descansa, porque ya no necesita sostener ninguna apariencia. Hay una gran libertad en quien puede presentarse ante Dios tal como es. Y en esa verdad interior -aunque sea pobre y temblorosa- el Señor encuentra un lugar donde derramar su gracia.
Señor, concédenos vivir en la verdad. Purifica nuestro corazón de toda doblez y danos una conciencia limpia, para que nuestra vida, aun en lo pequeño, sea transparente ante tus ojos. Amén.
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