viernes, 6 de febrero de 2026

LIBERTAD Y VERDAD


    “El rey le dijo a la joven: ‘Pídeme lo que quieras, que te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino’. Ella salió a preguntarle a su madre: ‘¿Qué le pido?’. La madre le contestó: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla” (Marcos 6, 22-26).


    Este texto, tomado del evangelio de hoy, es una narración inquietante acerca de cómo la conciencia puede dejarse arrastrar por determinados intereses. No aparece aquí un mal deliberado y frío, sino una conciencia debilitada, presionada, incapaz de sostener la verdad que en el fondo reconoce. Herodes sabe que lo que se le pide es injusto y, sin embargo, cede. La conciencia no desaparece, pero queda sometida a fuerzas externas que la condicionan y la paralizan.


    El relato pone ante nosotros un primer riesgo claro: la falta de libertad interior. El miedo al qué dirán, el deseo de mantener la imagen, la presión del ambiente o de los compromisos adquiridos pueden secuestrar la conciencia hasta hacerla incapaz de actuar conforme al bien que percibe. Así, Juan el Bautista permanece libre hasta el final; Herodes, en cambio, queda prisionero de su palabra vacía y de su necesidad de quedar bien.


    Hay todavía otro aspecto decisivo que también condiciona la conciencia: su formación. Se puede actuar en conciencia y, sin embargo, hacerlo desde una conciencia equivocada. A veces uno cree descubrir el bien donde objetivamente no hay sino mal; otras veces se percibe como mal aquello que en realidad es virtud y comportamiento justo. Por eso hay dos cuestiones que se reclaman mutuamente y que hemos de vigilar siempre: la libertad de la conciencia, para que no esté sometida a intereses o presiones; y la verdad objetiva, que solo se alcanza mediante una correcta formación, dócil a la Palabra de Dios, a la Sagrada Tradición y al Magisterio de la Iglesia. Jesús nos enseñará: “la verdad os hará libres” (Jn. 8,32).


    Señor Jesús, te pedimos una conciencia libre y despierta, no sometida al miedo ni a los intereses ocultos. Danos una conciencia que siga los criterios de la verdad, alcanzados mediante una formación sincera y perseverante, dócil a la luz de Dios y al discernimiento honesto. Haznos capaces de elegir el bien con rectitud y fidelidad, aun cuando cueste, y de permanecer fieles a ti en todo. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario