“Oh Dios, que eres glorificado en todo y por todo, en tu gran honor no me rechaces, sino que por tu gran bondad fortaléceme, sosténme y protégeme con tu bendición. Así sea” (Santa Hildegarda de Bingen, Física, libro IV, capítulo 8, Oración del topacio).
Muchos años antes de ser sacerdote, siendo todavía un joven veinteañero, pasé varias temporadas veraniegas en Francia para practicar el idioma. En uno de los lugares donde me hospedé —era una casa religiosa— había, en la habitación que me habían asignado, un libro con algunas obras de santa Hildegarda de Bingen, o quizás un libro dedicado a ella. Una noche, mientras esperaba que llegara el sueño, comencé a hojearlo. Más que ponerme a estudiarlo, me entretuve contemplando las extraordinarias ilustraciones con las que se representaban sus visiones. Aquellas imágenes me fascinaron y quedaron profundamente grabadas en mi memoria, aunque después pasaran los años y llegara incluso a olvidar el nombre de la mujer que las había inspirado.
Mucho tiempo después, cuando Benedicto XVI canonizó a santa Hildegarda, el 10 de mayo de 2012, y la proclamó doctora de la Iglesia, el 7 de octubre de aquel mismo año, aquel recuerdo despertó de nuevo y comencé a interesarme por su figura. Leí libros sobre ella, conocí algunas de sus obras y acudí a cursillos dedicados a su pensamiento. Era como reencontrar, al cabo de muchos años, a un personaje que me había interesado profundamente y que había permanecido guardado en un rincón de mi memoria.
Santa Hildegarda fue una mujer verdaderamente sorprendente. Vivió en el siglo XII, pero parece haberse ocupado de todo: habló de Dios y del hombre, de la creación y de la música, del cuerpo y del alma, de la enfermedad y de la salud, de las plantas y de los alimentos, de los vicios y de las virtudes. Se ocupó incluso de la cocina, porque para ella la alimentación era la mejor medicina. Escribió obras teológicas, místicas, musicales, médicas y científicas; mantuvo correspondencia con papas, obispos, gobernantes y personas sencillas; pronunció charlas y predicaciones ante sacerdotes por invitación de las autoridades de la Iglesia, y fundó dos monasterios. No contemplaba todas estas realidades como asuntos separados: para ella, la persona, la creación y la vida espiritual formaban parte de una profunda unidad querida por Dios.
Resulta especialmente sugerente lo que, empleando palabras de hoy, podríamos llamar la psicoterapia espiritual de santa Hildegarda. Ella comprendió que existen actitudes, pasiones y desórdenes que van enfermando el alma y pueden encerrarla en la tristeza, la ira, el miedo, la desesperanza o el resentimiento. Pero comprendió también que frente a cada una de esas fuerzas oscuras existe una virtud capaz de abrir un camino de sanación. La virtud no es entonces una fría obligación moral, sino una fuerza viva que restaura la armonía perdida y permite que la gracia vuelva a iluminar los lugares heridos de nuestro interior.
Creo que puede ser interesante compartir con ustedes algunas de sus enseñanzas. No serán necesariamente artículos consecutivos, sino distintas aproximaciones a su pensamiento y a su sabiduría, con especial atención a su profundo conocimiento de las heridas y de la curación del alma. Tal vez así podamos acercarnos juntos a la figura fascinante de aquella mujer que encontré por primera vez, sin saber siquiera quién era, en un libro dejado en una habitación de Francia.
Buenos días Padre, le escucho desde hace muchos años, le agradezco cada día sus palabras, la reflexión, la oración, es una auténtica maravilla. Soy una enamorada de nuestro Maestro, Cristo Jesús, del evangelio único camino para nuestra vida.
ResponderEliminarDoy gracias a Dios por haberle puesto en mi camino, es más llevadero todo cuando las palabras alientan.
Recuerdo que tengo un libro de esta Santa, una auténtica pasada esta mujer, que hablaba de muchas cosas como usted dice, los humores del cuerpo, los gusanitos, los vientos, es una pasada como podía contener tanto conocimiento y tanta verdad tan sencillamente y tener esa grandísima unión con nuestro Señor.a veces difícil entender lo que quería decir por la traducción.
Gracias por su blog y su canal de Youtube que lo he descubierto hoy, que bien! Ya me gustaría poder contactar con usted alguna vez si es posible.
Saludos desde el centro de la península.gracias!!